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18/09/11

" Estás en mí como un paisaje mío./ Me acompañan tuas olas y tus barcos. "

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 Hay hombres que parecen un paisaje "

Hay hombres que parecen un paisaje
cuando cierran la puerta
y se quedan delante de nosotros.

Recuerdo muchas veces pupilas amarillas
con rumor de hojas tristes
pisadas por el turbio zapato de la tarde.

Recuerdo las sonrisas cubiertas por la nieve
igual que la pureza,
ese valle que esconde la conjura del barro.

Y recuerdo desiertos en la piel,
el bosque vigilante con búhos en los hombros,
silencios que parecen una ciudad cansada,
escaleras y manos que sostienen
el licor tembloroso de la noche.

Hay hombres aeropuerto,
hombres de luna con tejado, hombres
que llegan de la selva y buscan rascacielos
y son como minutos en un reloj de arena.

Así que cuando vuelvo solitario a mi casa,
y me recibe el mar en mis ojos castaños,
el mar azul y libre
con espuma de agosto en el espejo,
agradezco a la vida
la ocasión que me ha dado de mirarte.

Estás en mí como un paisaje mío.
Me acompañan tus olas y tus barcos.
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Luis García Montero in " Un invierno propio ", Editorial Visor Libros, Madrid, 2011, pp 47 - 48.
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17/09/11

" Duele siempre un misterio en la complicidad./ Los recuerdos ayudan a olvidar. "

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 " Los recuerdos ayudan a olvidar "

Vuelvo a sentir la noche de su voz
y a caminar por ella.
La ventana encendida y un balcón
apagado en la casa.
Eso había en su voz, como había en el mundo
una calle sin luz,
de postigos cerrados, y una sola ventana
que ardía silenciosa.
Eso había en la calle, una luz encendida.
Eso había en la noche de su voz,
un balcón apagado.

Vuelvo a sentir la duda de su abrigo
doblar la esquina solitaria,
cuando yo la seguía. Vuelvo a oír
pasos que no hacen ruido y un deseo
de cruzar el invierno sin ser vista.
Eso había en su abrigo
cuando me descubrió y cerramos los ojos
para seguir viviendo
en donde no se sabe.
Eso había en su abrigo.
Eso había en la casa.

Ahora que vuelvo a penetrar a ciegas
en el amor antiguo, dejando que me lleve,
que me conduzca mi cuerpo con sus manos
al fondo de la piel y de la noche,
dentro de sí, no llego a comprender
si el balcón apagado y el abrigo de entonces
guardaban el secreto de esta cita futura
o si la voz de ahora esconde mi pasado.
Eso hay en la noche y en su cuerpo de hoy,
ventanas encendidas, un balcón
amadamente oscuro
y otro cuerpo de ayer.
Eso hay en la casa.

Duele siempre un misterio en la complicidad.
Los recuerdos ayudan a olvidar.
Los recuerdos envuelven
como unos brazos,
como unas piernas,
como un destino.

Hablo más de la cuenta, ya lo sé.
Nos unen mis recuerdos y sus ojos cerrados.

  Luis García Montero in " Un Invierno Propio ", Editorial Visor Libros, Madrid, 2011, pp 131 - 132.
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